La TERMOGRAFÍA en REHABILITACIÓN ENERGÉTICA



El empleo de la termografía se hace necesario para auditorías energéticas o cuando se va a realizar una rehabilitación energética, debido a la objetividad y fiabilidad que aporta para conocer el estado real del comportamiento térmico de envolvente e instalaciones, pero no sólo en estos casos sino también en la realización del certificado energético, sobre todo porque es necesario valorar que, en un determinado edificio, aunque pueda presentar un buen espesor de aislamiento térmico con buenas carpinterías, buenos vidrios, etc… si no se dispone de información correcta sobre cómo se comportan las zonas con puentes térmicos o sobre la presenta excesivas zonas con infiltraciones o la existencia de fugas de aire o pérdidas de calor, probablemente realizaremos una estimación incorrecta de los mismos a la hora de introducir dicha información.

Uno de los puntos de mayor relevancia a la hora de subsanar problemas en la envolvente térmica y que pueden deteriorar el edificio radica en la detección de las zonas frías o puentes térmicos que pudieran originar humedades.


Estas humedades de condensación son un problema potencial que con los años pueden afectar a los elementos estructurales del edificio, si además añadimos que pueden confluir otros tipos de humedades por fugas en la red de desagües o en conductos de la red de agua fría y/o caliente, nos enfrentamos a un problema todavía mayor, por eso es fundamental intentar detectar y subsanar los mismos.


Igualmente en el caso de las instalaciones es de gran utilidad para evaluar si el rendimiento de las mismas es el adecuado y verificar que los componentes no se han deteriorado o presentan cualquier tipo de patología que puedan acabar mermando el funcionamiento de la instalación. Evidentemente si los equipos pierden rendimiento los consumos energéticos se disparan y además estos problemas mencionados podrían afectar mermando considerablemente los años de vida útil de la instalación.


Detección de zonas de fachada con excesivas perdidas de calefacción, en este caso la termografía nos ayuda a detectar ciertas zonas de fachada donde el calor se escapa rápidamente al exterior, pues el espesor de la fachada era mínimo y no tenía apenas resistencia térmica, puesto que solían colocar los radiadores o emisores de calor en unas hornacinas generadas a consta de restarle capas al cerramiento.


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